Para que un niño sea testigo en un proceso penal, debe probar ante el tribunal que conoce la diferencia entre decir la verdad y decir una mentira. Tanto el ADA como el abogado defensor interrogarán al niño delante de un juez para poner a prueba la memoria del niño sobre sucesos pasados y su comprensión de la verdad y la mentira. A veces esto es difícil, y el niño no puede fungir como testigo. La mayoría de los testigos menores sí “califican” y, por lo tanto, se les puede interrogar sobre lo que sucedió y quién lo hizo. Es importante recordar que, aun si el niño no está “calificado” según el tribunal, esto no significa que el niño está inventando una historia de abuso.